Desde la central generadora al enchufe: el viaje invisible y silencioso de la electricidad

Por Monserrat Chodil Soto.- La electricidad que utilizamos diariamente para encender una lámpara, cargar el celular o calentar el agua recorre un extenso y complejo camino antes de llegar a nuestros hogares. Su travesía comienza en las centrales eléctricas, lugares donde la energía se genera a partir de diferentes fuentes. Estas pueden ser renovables —como el viento, el sol o el agua— o no renovables —como el gas, el petróleo o el carbón—. Las primeras son inagotables y se regeneran de manera natural, mientras que las segundas existen en cantidades limitadas y se agotan al ser utilizadas (Enel Argentina, s. f.).

Una vez generada la electricidad, inicia su viaje por una red de infraestructuras diseñada para transportarla de forma eficiente y segura. En las centrales, la energía producida suele tener un voltaje bajo, por lo que se envía a una subestación elevadora, donde los transformadores aumentan su tensión. Esto permite transmitirla a largas distancias a través de torres de alta tensión que se pueden observar a lo largo de caminos y rutas. Cuando la electricidad se acerca a las zonas urbanas, la tensión debe reducirse nuevamente para adaptarse a las subestaciones transformadoras, que la distribuyen a través de redes de voltaje medio y bajo hasta los barrios, mediante cables aéreos o subterráneos (Cuentos Cuánticos, s. f.).

El tramo final del recorrido ocurre a nivel local. En los centros de transformación, el voltaje se reduce a niveles compatibles con los electrodomésticos domésticos —como 220 voltios en gran parte de Sudamérica—. Desde allí, la corriente pasa por el medidor eléctrico, que registra el consumo para su facturación, y finalmente circula por el cableado interno de cada vivienda hasta los enchufes. Este proceso continuo de generación, transformación, transmisión y distribución permite que la energía llegue de manera estable y segura a cada usuario. Tal como destacan Enel Argentina (s. f.) y Cuentos Cuánticos (s. f.), el viaje de la electricidad es una muestra del delicado equilibrio tecnológico que sostiene la vida moderna y de la importancia de mantener redes eficientes para garantizar un suministro confiable en el futuro.

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