La COP 30 promueve ahora  la bioeconomía para cuidar el planeta

Por Fernando Rivas Inostroza.- (Belém de Para / Brasil)._El concepto se suma a la economía circular y promueve entre otros el uso de los biocombustibles. Un nuevo concepto de gran relevancia ha emergido con potencia en la COP-30, que se celebra en estos días aquí: se trata de la bioeconomía, consistente en  una versión del quehacer productivo, que cuida y se hace responsable de su acción con la naturaleza, impulsando el desarrollo y uso, entre otros recursos, de los biocombustibles, en particular del etanol, que en el caso brasileño se produce principalmente a partir de la caña de azúcar.

Brasil ya aplica esta modalidad económica de manera concreta y sostenida, convirtiéndose en un referente internacional, que se suma a la lucha contra los combustibles fósiles.

Ahora, a través de su papel en la COP-30, el país amazónico está comenzando a exportar este avance conceptual y tecnológico al resto del mundo, posicionando a la bioeconomía como un eje clave en la transición hacia modelos energéticos más sostenibles.

La bioeconomía, que ha venido  a sumarse a  conceptos como la economía circular, se describió en la COP 30  como un modelo de desarrollo productivo que emplea los recursos naturales de modo sostenible, regenerativo y conservacionista, basado  en la ética, la justicia social y la inclusión.

En palabras sencillas, la bioeconomía es una “economía de la vida”, que busca producir bienes y servicios con los recursos biológicos — plantas, bosques, suelos, biodiversidad — de manera que se respete la naturaleza; se regenere, y se beneficie también a las comunidades locales.

Este enfoque conecta además con tres grandes convenciones del medio ambiente, como son la biodiversidad, el clima y la desertificación, mediante el principio de que se debe consumir menos, producir de forma más eficiente, usar los recursos biológicos de modo circular, y restaurar los ecosistemas degradados.

Este término apareció con fuerza en la COP, porque Brasil, como país anfitrión, ha puesto a la bioeconomía como un pilar de su agenda en el desarrollo económico, especialmente en regiones de alta biodiversidad, como la Amazonía, de modo que no vaya en contra de la naturaleza, sino que actúe con ella.

Al respecto,  se reconoce que sin naturaleza saludable no habrá transición climática efectiva, porque los ecosistemas naturales capturan CO₂, regulan el clima y proveen servicios ecosistémicos cruciales, entre otros beneficios.

La bioeconomía se vincula también con la movilización de financiamiento, con cadenas de valor basadas en recursos biológicos, nuevos modelos productivos, innovación: biotecnología, materiales bio-basados, agricultura regenerativa y justicia social, principalmente con la inclusión de comunidades indígenas/tradicionales.

DIMENSIONES DE LA BIOECONOMIA

En la COP30, se señalaron al menos cinco dimensiones clave de la bioeconomía:

1. Bosques: conservar los bosques existentes, logrando que su valor no sea solo maderable o extractivo, sino también de servicios ecosistémicos, carbono, biodiversidad y conocimiento tradicional.

2. Agricultura: transformar los sistemas agrícolas para que integren producción de alimentos, carbono, biodiversidad, agricultura regenerativa, agroforestería, y uso eficiente de recursos.

3. Bioeconomía social / inclusión: garantizar que las comunidades indígenas, tradicionales y locales participen, se beneficien, y sean parte de la gobernanza de la bioeconomía. Se habla de “transición justa” y distribución equitativa de beneficios.

4. Biotecnología / innovación: desarrollo de productos, materiales, servicios basados en recursos biológicos, biotecnología sostenible, economía circular.

5. Finanzas / inversión: definir mecanismos financieros, inversión en bioeconomía, movilización de capital público y privado, métricas, instrumentos de riesgo, para escalar la bioeconomía.

Si bien la bioeconomía rechaza la tala de los bosques y que se valore la biodiversidad, la agricultura sin deforestación,  el conocimiento y los servicios de los ecosistemas, también surgió la advertencia de que si no se implementa con cuidado, podría convertirse en otro modelo extractivo “verde”, que no cambiará las relaciones de poder, la inequidad o la  degradación de la naturaleza.

LA ERA DE LOS BIOCOMBUSTIBLES

Entre los principales exponentes de esta nueva bioeconomía destacan los biocombustibles, que son  energías obtenidas directamente de la naturaleza —como la caña de azúcar— y procesadas para abastecer al transporte y a múltiples actividades productivas. Estos combustibles, además, pueden servir como base para la generación de gas y otros insumos energéticos que favorecen un funcionamiento más limpio y sostenible.

En este ámbito, uno de los desarrollos más relevantes es la producción de etanol, cuya aplicación en el transporte ya se encuentra profundamente extendida en Brasil, consolidando al país como referente mundial en la transición hacia energías renovables dentro del marco de la bioeconomía.

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