Una masiva producción de combustibles sostenibles quiere acabar con el petróleo

Por Fernando Rivas Inostroza.- (Belém de Pará/Brasil)  Se proyecta que los combustibles sostenibles sean cuadruplicados al 2035 y  que América Latina pueda convertirse en un nuevo polo energético mundial. Chile destaca con el hidrógeno verde.

En el marco de la COP-30, América Latina ha dado un paso decisivo en la carrera global por abandonar progresivamente los combustibles fósiles, ya que, durante la cumbre, los países participantes suscribieron un compromiso para cuadruplicar la producción de combustibles sostenibles al año 2035. El objetivo apunta a cerrar la brecha existente frente a los combustibles fósiles y acelerar su retiro gradual del mercado.

La estrategia se apoya en un amplio paquete de innovaciones tecnológicas y energéticas. Los biocombustibles —como el etanol producido masivamente en Brasil o el biodiésel de soja en Argentina— aparecen como uno de los componentes más relevantes de esta transición. A ellos se suman las energías renovables que impulsan la generación de combustibles limpios, especialmente la energía eólica, la solar y el hidrógeno en sus diversas variantes, con especial énfasis en el hidrógeno verde, que Chile desarrolla tanto en el desierto de Atacama como en las regiones australes de la Patagonia.

Así, la región avanza hoy en una estrategia de complementariedad energética:

  • Brasil consolida su liderazgo en biocombustibles, especialmente etanol.
  • Paraguay y Uruguay profundizan la incorporación de renovables en sus matrices energéticas.
  • Argentina mantiene una producción significativa de biocombustibles basados en soja.
  • Chile apuesta por convertirse en referente mundial en hidrógeno verde, apoyado en su enorme potencial eólico y solar.

Este entramado de capacidades abre a América Latina la posibilidad de posicionarse como un proveedor global de combustibles sostenibles, un mercado en ascenso y fundamental para enfrentar la crisis climática. La región busca así no solo reducir sus propias emisiones, sino también ofrecer alternativas viables al mundo en un escenario donde los combustibles fósiles comienzan a perder terreno frente a soluciones energéticas más limpias, justas y de menor impacto ambiental.

BELÉM 4X: EL COMPROMISO GLOBAL

En esta COP30 ya tomó forma un nuevo compromiso internacional destinado a acelerar la transición energética: el Belém 4X Pledge on Sustainable Fuels, conocido simplemente como “Belém 4X”. La iniciativa propone cuadruplicar la producción y el uso mundial de combustibles sostenibles para 2035, tomando como referencia los niveles existentes en 2024.

El acuerdo fue anunciado ya el 14 de octubre de 2025, durante la pre-COP realizada en Brasilia, y cuenta inicialmente con el respaldo de Brasil, Italia, Japón e India, países que actúan como co-promotores.

Los “combustibles sostenibles” abarcan los biocombustibles líquidos, los biogases, el hidrógeno y sus derivados, así como combustibles sintéticos (e-fuels), tanto en formato líquido como gaseoso. La meta central es que sean usados en sectores donde la descarbonización es más compleja, como la aviación, el transporte marítimo y la industria pesada.

Un informe reciente de la International Energy Agency (IEA) indica que, si las políticas actuales y anunciadas se ejecutan plenamente, la cuadruplicación es alcanzable dentro del periodo señalado. Estos combustibles reducirán emisiones en ámbitos donde la electrificación por sí sola no es suficiente.

Sin embargo, la iniciativa no está exenta de debates. Diversas organizaciones han advertido que la expansión acelerada de ciertos biocombustibles podría generar competencia por el uso de la tierra, afectando la biodiversidad, la seguridad alimentaria y, eventualmente, incrementando las emisiones indirectas por cambio de uso de suelo.

 También se subraya la necesidad de criterios estrictos para definir la sostenibilidad real de estos combustibles, considerando su ciclo de vida, la promoción de materias primas provenientes de residuos y la protección de ecosistemas y recursos como el agua y las tierras agrícolas.

No obstante, el compromiso Belém 4X aparece como un instrumento político relevante para orientar inversiones, coordinar normativas y estimular la colaboración internacional en uno de los frentes más complejos de la descarbonización mundial.

América Latina, rica en biomasa y con décadas de experiencia acumulada, aparece como un territorio estratégico en esta agenda. Países como Brasil, Argentina, Colombia y Paraguay cuentan con industrias consolidadas que podrían responder a la creciente demanda internacional de combustibles limpios, especialmente en sectores difíciles de electrificar como la aviación, el transporte marítimo y la industria pesada.

Brasil, anfitrión de la COP30, lidera el impulso. Su industria del etanol es considerada un modelo mundial: combina productividad agrícola, innovación tecnológica y una matriz energética limpia. En palabras de los especialistas, el país busca revalidar su condición de “potencia verde”, reforzando su influencia en un mercado global que se reorganiza ante las exigencias de descarbonización.

CHILE DOMINA CON HIDROGENO VERDE

En el caso de Chile, éste cuenta con ventajas comparativas ampliamente reconocidas. El extraordinario potencial del hidrógeno verde, con polos de desarrollo en el Desierto de Atacama y la zona austral, se suma a la consolidación de centros eólicos y solares de escala industrial. A ello se agrega la credibilidad internacional del país en materia de regulación ambiental y marcos institucionales avanzados, lo que refuerza su posición en un escenario internacional más exigente.

La inserción chilena en el Compromiso 4X se explica porque la meta no solo involucra biocombustibles clásicos, sino también combustibles sintéticos (e-fuels) y derivados del hidrógeno. En ese terreno, Chile podría transformarse en un proveedor clave de amoniaco verde, metanol verde y combustibles sintéticos para la aviación, sectores que serán decisivos para la descarbonización global en las próximas décadas.

En el plano regional, especialistas destacan la creciente sinergia con Brasil. Mientras este último lidera la producción de biocombustibles líquidos y etanol, Chile encabeza el desarrollo del hidrógeno verde y de los nuevos combustibles sintéticos. Esta complementariedad abre puertas a alianzas para certificación de sostenibilidad, investigación conjunta y eventuales estrategias coordinadas de exportación.

Los desafíos para Chile, sin embargo, siguen siendo significativos. Entre ellos figuran los altos costos iniciales del hidrógeno verde, la necesidad de infraestructura portuaria especializada y de plantas industriales para producir e-fuels, además de la competencia creciente de países que ofrecen subsidios masivos, como Estados Unidos y la Unión Europea.

Aun así, el Belém 4X se presenta como una oportunidad estratégica para que nuestro país refuerce su perfil de potencia tecnológica en combustibles limpios. Si logra articular una diplomacia energética activa y una cooperación efectiva con Brasil, el país podría consolidarse como un actor destacado de la transición energética latinoamericana en la próxima década.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *