Comprar, usar y tirar: el círculo vicioso que está destruyendo al planeta…

Por Monserrat Chodil Soto.-El fast fashion se ha convertido en una de las industrias más influyentes en el consumo global, instalándose como un modelo que impulsa la compra rápida, barata y frecuente de prendas. Sin embargo, tras su aparente accesibilidad, investigadores y organismos ambientales coinciden en que este sistema productivo sostiene un impacto ecológico profundo y poco visible para la ciudadanía.

De acuerdo con Greenpeace México, la moda rápida depende de ciclos de producción intensivos que “utilizan materiales sintéticos derivados del petróleo y liberan grandes cantidades de microplásticos al ambiente”, lo que provoca una contaminación persistente en océanos y ecosistemas. La organización añade que la estructura misma del modelo —diseñar, fabricar y desechar prendas en tiempos cada vez más breves— favorece una cultura de reemplazo continuo que incrementa la generación de residuos textiles a una velocidad sin precedentes.

En Chile, la SEREMI del Medio Ambiente de la Región Metropolitana, Sonia Reyes Packe, advierte que el problema no se limita a la huella ambiental, sino también al comportamiento del consumidor. En su columna publicada por el Ministerio del Medio Ambiente, Reyes sostiene que la compra desmedida de ropa, motivada por bajos precios y una oferta permanente de novedades, contribuye a una percepción de desechabilidad que desplaza prácticas de reparación, reutilización o intercambio. A su juicio, este fenómeno convierte al fast fashion en un desafío doble: uno asociado a los procesos contaminantes de la industria y otro vinculado a la pérdida de hábitos de consumo sostenible.

Esta conducta se ha asentado especialmente entre adolescentes y jóvenes, uno de los grupos etarios más expuestos a las tendencias y a la velocidad con que circulan en plataformas digitales. En un artículo de la Universidad Anáhuac Querétaro se señala que el fast fashion atrae a consumidores por sus precios bajos y su alta rotación de tendencias, lo que fomenta un ciclo de compra frecuente y una menor percepción del impacto ambiental de las prendas.

Aunque la discusión sobre sus efectos ha ganado terreno en medios, instituciones y organizaciones socioambientales, especialistas subrayan que la responsabilidad debe abordarse desde múltiples frentes: consumidores informados, políticas que regulen la producción textil y campañas que promuevan la compra responsable. Tanto Greenpeace México como la SEREMI del Medio Ambiente RM coinciden en que la transición hacia una moda sostenible sólo será posible si se modifica la lógica de consumo acelerado que sostiene el modelo actual.

En ese sentido, prácticas como adquirir menos prendas, priorizar calidad por sobre cantidad, reparar ropa en lugar de desecharla y optar por productos de segunda mano se han convertido en estrategias recomendadas para disminuir la presión sobre los ecosistemas. No obstante, la persistencia del fast fashion en el mercado global demuestra que aún queda camino por recorrer para lograr una relación más equilibrada entre la moda y el medio ambiente.

Bibliografía:

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