El futuro es verde y está bajo el agua: así podrían salvarnos las algas…

Por Monserrat Chodil Soto.- Las algas han pasado de ser un recurso silenciosamente presente en mares y costas a convertirse en una de las soluciones más prometedoras para enfrentar la crisis climática. Su capacidad para capturar carbono, transformar modelos productivos y ofrecer alternativas sostenibles en la alimentación humana y animal está generando un creciente interés científico, ambiental y económico. Desde Francia hasta Chile, diferentes iniciativas muestran que este “oro verde” podría desempeñar un papel decisivo en la construcción de un futuro más resiliente.

Diversos organismos internacionales y especialistas han destacado que las algas pueden contribuir simultáneamente a mitigar los impactos del cambio climático, fortalecer la seguridad alimentaria y dinamizar economías locales. Según un reportaje de Noticias ONU, las algas capturan más carbono por superficie que la vegetación terrestre y algunas especies —como el kelp gigante— pueden crecer hasta 60 centímetros al día, convirtiéndose en eficientes sumideros de carbono (Robinet, 2025).

El potencial de estos organismos no es un hallazgo reciente, pero sí un campo en expansión. Como explica Castellanos (2025), las algas absorben CO₂ mediante fotosíntesis y, a diferencia de los bosques terrestres, buena parte de ese carbono queda almacenado a largo plazo cuando fragmentos caen a los sedimentos marinos. Esto abre la posibilidad de restaurar bosques submarinos y reforzar el rol del océano como “sumidero natural”.

De la mesa al planeta: usos alimentarios y ganaderos

El uso de algas en la alimentación humana es ancestral en Asia, pero hoy su valor nutricional —proteínas, vitaminas, omega-3 y minerales— las sitúa como una alternativa sostenible frente a la agricultura tradicional, que requiere grandes cantidades de agua dulce, suelos fértiles y fertilizantes.

Pero su impacto más disruptivo podría darse en la ganadería.

Según investigaciones citadas en Noticias ONU, alimentar a vacas con algas rojas permitiría reducir las emisiones de metano hasta en un 90% (Robinet, 2025). Este hallazgo también se replica en Chile, donde un proyecto liderado por la Universidad Santo Tomás y la Fundación para la Innovación Agraria ha registrado reducciones de metano de hasta un 99% en ensayos de laboratorio al incluir algas en la dieta de rumiantes (Maldonado Venegas, 2025).

Los ensayos en vacas lecheras en la Región de Los Lagos buscan ahora validar su comportamiento en condiciones reales, lo que podría significar un antes y un después para la ganadería nacional.

Un recurso abundante, pero aún poco explotado

Aunque los océanos albergan más de 12.000 especies de algas, menos de un par de decenas se cultivan comercialmente. Y aunque la industria global crece, sigue enfrentando trabas regulatorias. El Manifiesto de las Algas Marinas, impulsado por la FAO y citado por Robinet (2025), apunta a coordinar esfuerzos internacionales para impulsar marcos de seguridad alimentaria, investigación y desarrollo.

La falta de políticas, inversiones y tecnologías especializadas también dificulta su expansión, tal como plantea Castellanos (2025). A esto se suma un riesgo creciente: el cambio climático está afectando directamente a los ecosistemas marinos, provocando la desaparición de extensiones completas de algas en lugares como California, Tasmania y Noruega.

Impulso social y económico: un motor para las comunidades

Las algas no solo impactan al planeta, sino también a las personas. Según (Robinet, 2025), en países como Tanzania, cerca del 40% de las startups asociadas a algas están lideradas por mujeres, quienes además controlan la mayoría de los beneficios en las cadenas productivas. Este fenómeno está impulsando autonomía económica, educación y oportunidades en comunidades costeras.

En Chile, donde existen más de 400 especies de algas registradas, crece el interés por desarrollar cultivos sostenibles que no sólo reduzcan emisiones, sino también generen nuevas fuentes de ingresos. Esto es particularmente relevante para la pesca artesanal y para las regiones costeras que buscan diversificar su matriz productiva sin comprometer los ecosistemas.

Una oportunidad para transformar la relación con el océano

Las algas ya demostraron ser parte de la solución: capturan carbono, restauran ecosistemas, ofrecen fuentes sostenibles de alimento y pueden reducir drásticamente las emisiones ganaderas. Sin embargo, su masificación requiere regulaciones claras, inversión en investigación y un enfoque de conservación a largo plazo.

Como señala Vincent Doumeizel —citado por Robinet (2025)—, el desafío no es solo cultivar el océano, sino sanarlo. Si se avanza en esta dirección, las algas podrían convertirse en un pilar fundamental para enfrentar la crisis climática y avanzar hacia sistemas productivos más responsables.

Bibliografía:

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